1 Foto Sebastián Gómez Ruiz

Cine como eficacia simbólica. Resistencia indígena en la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia

Publicada en Publicada en [:es]Edición #8[:de]Ausgabe #8, Alebrije

El cine no es un arte, el cine es el arte de hacer política en 24x segundo. En un sugerente ensayo, el autor nos lleva a reflexionar sobre la importancia que el lenguaje cinematográfico tiene en la reproducción social y simbólica del pueblo originario Arhuaco de Colombia. Haciendo paralelismos entre el mito y su eficacia simbólica (Levi-Strauss) y reflexiones sobre el cine de Edgar Morin, la producción cinematográfica en el contexto indígena surge como forma de resistencia simbólica que se materializa en demandas, creando imaginarios y posibilidades de existencia y así, trasciende al cine que pretende ser solo representación. De la misma forma, el autor atiende concepciones de estar en el mundo (episteme) de los Arhuaco y nos instruye en como el cine puede formar parte constitutiva de la producción cultural de los indígenas, el cual, se transforma en parte del Kunsama, en tanto cultura, historia y memoria. Y es desde ese lugar que (el cine) cobra poder como mito.

 


 

Cine como eficacia simbólica. Resistencia indígena en la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia

Por: Sebastián Gómez Ruiz. Universidad de Barcelona.

“La imagen, al igual que la buena palabra, revela y rebela”. Adolfo Colombres.

 

Foto Sebastián Gómez Ruiz
Foto: Sebastián Gómez Ruiz

En Colombia, el Colectivo de Comunicaciones Zhigoneshi (CCZ) de la Sierra Nevada de Santa Marta (SNSM) se creó en el 2002 con realizadores indígenas de los pueblos Kogi, Arhuaco y Wiwa. Desde el 2005 han desarrollado audiovisuales que, en el 2013, reunieron en un plegable de ocho DVDs que incluye fotografías e información sobre el proceso de realización. Uno de los documentales más relevantes dentro de su producción ha sido Resistencia en la Línea Negra (2011), dirigido por el realizador Arhauco Amado Villafaña. En este documental, se delinea lo que ha sido la lucha por la defensa de la SNSM desde la ampliación del resguardo[1], la lucha contra las empresas minero energéticas, la defensa del agua y la memoria. Resistencia en la Línea Negra ha tomado cada vez mayor importancia como un manifiesto sobre las luchas de los pueblos indígenas, especialmente después de lo que significó la firma del Decreto 1500 de 2018 por el cual el estado colombiano reconoce los límites de la Línea Negra y los lugares sagrados de pagamento de los indígenas.

Dentro de las estrategias múltiples de recuperación del territorio por parte de los indígenas de la SNSM, los audiovisuales han servido como archivos de memoria y resistencia, con películas sobre la expulsión de la misión capuchina: Nabusímake: memorias de una independencia (2010) y Butisinu Memoria de un Pueblo (2016) sobre el proceso de ampliación del resguardo en el departamento del Magdalena. Estos documentales han permitido crear vínculos, identificación con el territorio, cohesión social y reafirmación de costumbres y creencias, convirtiéndose en parte de su memoria y su producción simbólica, además en los últimos años han tenido una injerencia en la toma de decisiones sobre el territorio. Como señala la líder Leonor Zalabata, sobre la resistencia del pueblo Arhuaco: “El sistema es vulnerable frente a la resistencia de la tradición”: la  “tradición” o el Kunsama[2]  que se traduce en ika[3] como: “el ser de la gente Iku”, historia, memoria, cultura, fuerza de origen y herramienta, es también reconstruida, evocada y revivida desde los registros visuales existentes, convirtiéndose con el tiempo en parte de su mitología,  ritualidad y su memoria sensible.

En este texto argumento que el cine del CCZ, y especialmente la película Resistencia en la Línea Negra (2011) se ha convertido en un objeto cultural importante de la producción simbólica de los indígenas de la Sierra Nevada, volviéndose parte del Kunsama. La eficacia simbólica del Kunsama, no sólo les ha permitido sobrevivir como pueblo desde sus prácticas y creencias culturales, sino que ha tenido un efecto real en la configuración de políticas públicas sobre el territorio. Sin embargo, lejos de que estas estrategias se reduzcan a formas de reconocimiento por parte del estado colombiano desde un ámbito legal, se trata de estrategias complejas de resistencia en el que el uso del cine ha sido fundamental como sintetizador del pensamiento, para alinear sus demandas, visibilizar sus realidades e imaginar un territorio más autónomo, que marca sus fronteras no solo geográficas, sino espirituales, con lo que ha significado la lucha histórica por la Línea Negra.

Resistencia en la Línea Negra.

Fotograma: Resistencia en la Línea Negra (2011)
Fotograma: Resistencia en la Línea Negra (2011)

El 7 de Agosto de 2010, el entonces presidente electo de Colombia Juan Manuel Santos viajó con su familia a la Sierra Nevada de Santa Marta, allí asistió a un acto de posesión con Mamos[4] y autoridades Kogis, Arhuacas, Wiwas y Kankuamas, antes del acto oficial en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Los Mamos le hicieron entrega de varias tumas (piedras sagradas) y un bastón de mando como augurio para su futuro gobierno. El acto fue acompañado del respectivo rito de la aseguranza creando un vínculo con el territorio y estableciendo una deuda espiritual con los indígenas. El hecho fue reportado por periodistas del mundo y comunicadores indígenas. Ocho años después, días antes de dejar la presidencia, Santos viajó nuevamente a la SNSM para entregar el bastón de mando; sin embargo, los Mamos le permitieron conservarlo como makruma (regalo). El 6 de agosto de 2018, un día antes de la posición de Ivan Duque, Santos firmó el Decreto 1500 de la Línea Negra en Bogotá, que había acordado durante su gobierno con los cuatro pueblos indígenas. Como si fuera parte de la magia del estado, el gobierno de Santos había dejado un documento que significaba no sólo un gesto de voluntad política importante para las luchas territoriales de los indígenas de la SNSM, sino constituía el pago de una deuda espiritual establecida en el inicio de su presidencia. El decreto se denomina: 

“Por el cual se redefine el territorio ancestral de los pueblos Arhuaco, Kogui, Wiwa y Kankuamo de la Sierra Nevada de Santa Marta, expresado en el sistema de espacios sagrados de la ‘Línea Negra’, como ámbito tradicional, de especial protección, valor espiritual, cultural y ambiental, conforme los principios y fundamentos de la Ley de Origen, y la Ley 21 de 1991, y se dictan otras disposiciones” (Ministerio del Interior 2018, 1)

El Decreto1500 de la Línea Negra, no solo es el resultado de una negociación política de más de dos años con el Gobierno, sino es también el cumplimiento de una orden judicial, el Auto 189 de 2013, a través del cual la Corte Constitucional ordenó iniciar de manera inmediata las actividades tendientes a revisar, modificar, derogar o adicionar, según sea el caso, las resoluciones 837 de 1995 y 002 de enero 4 de 1973 y demás normas complementarias, con miras a redefinir o actualizar la denominada Línea Negra. Esto derivado de la sentencia T-540 de 2010, relacionada con el caso de Puerto Brisa, en el cual el Ministerio del Interior no certificó la presencia de comunidades indígenas en el área y se inició un proyecto portuario sin la debida consulta previa, generando daños culturales irreparables como la destrucción de Cerro Jukulwa, el cual no fue certificado como sitio sagrado en su momento. El Tribunal Constitucional lo que buscó con la orden de redefinir la Línea Negra fue evitar que se repitieran hechos que dieron origen a la tutela[5] mencionada.

Dentro de la Línea Negra se encuentran los resguardos Arhaucos, Kuankuamo y Kogi-Malayo-Arhauco[6]. El Resguardo Indígena Arhuaco se constituyó bajo la resolución 0113 de 1974. Sin embargo, fue hasta 1983 cuando el Instituto Colombiano de Reforma Agraria le dio un carácter legal al ampliar su extensión a 195.900 Has, asentados en los municipios de Pueblo Bello y Valledupar en el departamento del Cesar, Fundación y Aracataca en el departamento de Magdalena. Por un lado, la resolución de 1974 confirió el territorio como una área protegida de tierras reservadas para los indígenas Arhuacos, por otro lado, la resolución 078 de 1984 delimitó sus límites y área consagrada[7]. Sin embargo, el concepto de la Línea Negra implica un territorio más amplio que los resguardos, no solo geográficamente, sino dentro de nociones propias de espacio establecidas en la Ley de Origen. De acuerdo a la palabra de los Mamos la Línea Negra se comprende como:

“el conjunto de padres madres espirituales que conforman estructuras de gobierno propio, materializado en un territorio con unas particularidades. Estos espacios conforman líneas, círculos y espirales invisibles, que permiten la circulación energética desde y hacia Chúndwa (centro de la Sierra), interconectando los espacios sagrados que se encuentran dentro del territorio y los que no, haciendo efectivo el ejercicio de gobierno que articula los pueblos y garantiza el equilibrio material y espiritual del universo” (Cabildo Arhuaco de la Sierra Nevada 2015, 23-24)

La Línea Negra se constituye en líneas virtuales radiales denominadas “negras” o “de origen”. Estas líneas unen puntos geográficos o hitos considerados como sagrados, con el cerro Gonawindúa (Pico Bolívar), permitiendo que por medio de sus pagamentos en estos sitios se garantice el flujo de fuerzas espirituales que permiten el equilibrio de la Sierra Nevada, que se despliega desde los picos nevados, como los guardianes mayores y estableciendo una conectividad con los demás cerros ubicados en la parte media y baja (Cabildo Arhuaco de la Sierra Nevada 2015, 24). La Línea Negra o Seykutukunumaku (iku) no sólo representa un límite o frontera entre los resguardos indígenas de la SNSM con el mundo no indígena, sino que es un espacio que permite el cumplimiento de la ley de origen y el equilibrio natural de todos los seres vivos de la naturaleza. La defensa y configuración de la Línea Negra ha implicado la organización política de autoridades civiles, pero al mismo tiempo, se ha construido desde una lucha histórica con el estado colombiano que se ha materializado en leyes, resoluciones y decretos. Esto ha conllevado a la ampliación de los territorios del resguardo, haciendo que sean sujetos de consulta previa. Sin embargo, más allá de las zonas grises en torno a la aplicación de las leyes, la defensa de la Línea Negra también ha significado una lucha paralela que trasciende lo jurídico y se sitúa en lo simbólico: desde los ritos de pagamento y estrategias comunicativas como el cine. En efecto, la película Resistencia en la Línea Negra (2011) del CCZ se ha convertido en un archivo audiovisual que ha servido como manifiesto frente a lo que significado las luchas por la Línea Negra desde sus diferentes frentes territoriales, culturales y espirituales.

Fotograma: Resistencia en la Línea Negra (2011)
Fotograma: Resistencia en la Línea Negra (2011)

En Resistencia en la Línea Negra (2011) del Colectivo de Comunicaciones Zhigoneshi (CCZ) se hace un recorrido por diferentes lugares de la Sierra Nevada de Santa Marta y fuera de ella, configurando una estrategia en defensa de las fronteras de la Línea Negra. El director Arhuaco Amado Villafaña, en voz en off plantea el propósito de la película:El mandato de los Mamos es muy claro: que este documental debe ser con el propósito de proteger los sitios que están alrededor de la Sierra Nevada, más que todo en la playa”. A partir de esto, se traza una ruta en la que el documental es un medio para abarcar un territorio que es tanto físico como espiritual: “Los sitios sagrados nos pertenecen en la parte espiritual, pero en la parte física, ya no nos pertenecen”.

El primer recorrido de la película es un pagamento a Dibulla al cerro Jukulwa, en dónde se desarrollaba el proyecto multipropósitos de la empresa Puerto Brisa, que en el 2018 sería un referente para el establecimiento del Decreto 1500. Allí los indígenas, entre los que se encuentran varios Mamos, se enfrentan a la representación más cruda de la racionalidad y soberbia desarrollista, encarnada por el gerente German Zarate, quién a lo largo del documental es representado desde lo que Hannah Arendt (2003) denominó “la banalidad del mal”: la imagen del burócrata que cumple órdenes, sin ningún tipo de cuestionamiento moral o político.

La cámara confronta de manera directa a los poderes económicos que se han apropiado del territorio y reproducen su discurso legalista y excluyente, utilizando las posibilidades temporales del documental para hacer un flash back a las manifestaciones de los indígenas en ese territorio el 19 de agosto de 2006. En esta escena, German Zarate dice lo siguiente: “Existen documentos y varias certificaciones que muestran que no existen comunidades indígenas, no existen negritudes. Esta reclamación es absurda” mientras, paradójicamente, se encuentra rodeado de indígenas en una manifestación masiva. Al final del documental, en otra movilización rodeada de policías del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) vuelve y dice: “uno no puede entrar a la propiedad privada, sin permiso y esa es también nuestra tradición. Es nuestra política y ellos (policía) están para eso. No tienen nada contra nadie. Y no estoy, con eso, justificando ninguna acción. Nuestra acción es civil y totalmente civilizada.”. No sólo existe en el discurso de German Zarate la negación ontológica de los indígenas y su relación con el territorio, sino que también apela a la idea de “civilización” para justificar la violencia del estado en defensa de intereses privados.

La imposibilidad de acceder a esos territorios queda registrada en la tristeza e impotencia de los Mamos, al no poder acceder a los lugares de pagamento que dentro de la Ley de Origen han establecido: “Siento tristeza y lloro. La impotencia me da ganas de morirme.. El pagamento constituye el restablecimiento espiritual de los sitios sagrados que ya no les pertenecen físicamente, pero que afectan todo el sistema de la Sierra Nevada. El documental refuerza el carácter simbólico del pagamento, desde el registro audiovisual, haciendo que el mismo hecho de grabar tenga un sentido ritual.

En Resistencia en la Línea Negra (2011) se hace un recorrido tanto espacial como temporal, como señala Morin: “El film a escala de planos como a escala de conjunto del montaje, es un sistema de ubicuidad integral que permite trasportar al espectador a cualquier punto del tiempo y del espacio” (Morin 1961, 87). De esta forma se viaja desde Teyuna (Ciudad Perdida), luego a Bogotá al Museo del Oro y al Museo Nacional, reclamando en cada uno de estos lugares una soberanía de su pasado y patrimonio cultural. Así lo manifestó uno de los indígenas Wiwa entrevistados en Ciudad Perdida: “El ICANH[8], el Ministerio del Medio Ambiente se creen que son dueños, y los mismos Mamos dicen que no es cierto. Somos nosotros lo que tenemos que proteger, mantener y fortalecer.”. La defensa de la Línea Negra, no sólo pasa por luchas jurídicas, sino que, precisamente, existe una organización social que en momentos determinados se establece contra el estado cuestionando sus instituciones y visibilizando su violencia. La resistencia pasa por la movilización social, el pagamento y la comunicación, en este sentido, retoma elementos jurídicos que se han ganado con el tiempo, pero los trascienden en sus prácticas políticas y espirituales.

En la parte final de Resistencia en la Línea Negra, retoman imágenes de la película Nabusímake memorias de una independencia (2010), mostrando lo que significó la violencia y la evangelización de la misión Capuchina para el pueblo Arhuaco y su expulsión final en 1982. Nuevamente hacen otro viaje en el tiempo y retornan a un pasado más reciente en el que relatan los asesinatos y desapariciones en los años 80 y 90 de los lideres Arhuacos Napoleón Torres, Hugo Chaparro y Ángel María Torres, a manos de los paramilitares en complicidad con el ejército. Estos líderes viajaban a Bogotá en una misión para hablar con el gobierno nacional. Sus cuerpos fueron encontrados con signos de tortura, los cabellos cortados y sin lengua. La violencia histórica que ha vivido el pueblo Arhuaco no solo ha sido desde la apropiación de su territorio y su cultura material, sino también desde las marcas en el cuerpo. El cine recrea el pasado, lo performa y lo re-significa. Deja de ser solamente un archivo de memoria para volverse parte de su mitología. 

Cine, eficacia simbólica y mito.

 Amado Villafaña y Mamo Camilo Izquierdo Foto: Sebastián Gómez Ruiz
Amado Villafaña y Mamo Camilo Izquierdo 

Edgar Morin (1961) planteó cómo el cine se ha configurado como un dispositivo que más que entenderse desde un desarrollo puramente tecnológico, tiene unas características mágico-afectivas, guardando un sentido profundo en lo humano. Morin establece distintas relaciones entre el cine y la magia, en tanto que en los dos existe un manejo de las sombras y la luz. El cine constituye un conocimiento ocultista y casi espiritista, que implica una “vuelta hacia las afinidades ancestrales de la sensibilidad” (Morin 1961:15). Estas características mágicas, también tiene una relación emocional. En efecto, el cine moviliza todo lo relacionado con la sensibilidad y los afectos: “todo lo que es imagen tiende en un sentido hacerse afectivo, y todo lo que es afectivo tiende a hacerse mágico” (Ibíd. 45). Esta capacidad mágico-afectiva permite movilizar estructuras profundas, basadas en componentes materiales en la imagen cinematográfica, como la capacidad táctil y visual. Aquellas que además terminan resonando en la mente: Todo ocurre como si está imagen material tuviera cualidad mental” (Ibíd., 34). Para Morin, el cine tiene una resonancia en las visiones y los juegos de sombras del mundo arcaico que recuerdan la metáfora de la caverna de Platón, en la que lo visible es tan sólo el doble, o la sombra de lo real. La experiencia visual y sonora del cine está emparentada con lo onírico y lo mitológico y constituye una reactualización de las historias, al calor de una fogata, de los pueblos originarios y es ahí donde radica su capacidad mágica, afectiva y seductora. En la fotogenia del cine se encuentra su atractivo y su capacidad de conectar con lo más profundo de lo humano desde la poética de los seres y las cosas.

En el texto sobre la eficacia simbólica, Lévi-Strauss (1987) cuenta una práctica ritual de los Kunas de Panamá y Colombia que tiene repercusiones desde el ámbito simbólico en lo físico. El Chamán cura los dolores del parto de las mujeres, no a partir de una intervención médica o fisiológica, sino por medio de un relato mítico que le susurra al oído a la mujer que está dando a luz. En la narración, el niño es capturado por espíritus y el Chamán, junto con la parturienta, debe liberarlo y guiarlos por medio de un relato mitológico que contiene elementos arquetípicos de la cultura kuna. A partir de este relato, lo psíquico tiene una afectación en lo físico, en el que la mujer tiene una vinculación con elementos ancestrales que le permiten, con ayuda del Chámán, transitar los dolores del parto.

Tanto el concepto de cine de Morin, como en el de eficacia simbólica de Lévi-Strauss, el mito aparece como un elemento simbólico que abarca el universo de lo mágico- afectivo, en el que lo inmaterial, tiene implicaciones en el mundo material. El cine, entendido desde la eficacia simbólica, permite acercarse a otras realidades que trascienden la película misma en su ámbito puramente representacional. No se trata solamente que el cine tiene unas calidades materiales, sensitivas y táctiles (Edwards 2002) sino que, al ser parte de la producción cultural de un pueblo, crea realidades, imagina posibilidades y al final, puede llegar a materializar demandas creadas inicialmente por medio de la imagen, las cuales provienen de narraciones míticas del pasado y que cobran resonancia en el presente. El cine, en efecto, se convierte en la confluencia de elementos humanos habitualmente contrapuestos: la magia, la sensibilidad, la razón y el mito.

El cine como Kunsama.

 

Mamo Camilo Izquierdo Foto: Sebastián Gómez Ruiz
Mamo Camilo Izquierdo Foto: Sebastián Gómez Rui

Resistencia en la línea negra (2011) salió hace 7 años antes del Decreto 1500, convirtiéndose en la actualidad en un manifiesto frente a las luchas de los pueblos indígenas en torno a la autogestión del territorio y la delimitación de sus fronteras. El documental significó una defensa acérrima de su patrimonio cultural, sus objetos, su memoria y su ser en el mundo. El cine como archivo cultural producido por los indígenas, se transforma en parte del Kunsama, en tanto cultura, historia y memoria. Y es desde ese lugar que cobra poder como mito. La eficacia simbólica de la película del CCZ, radica en revivir y delinear las luchas en torno al territorio, no solo desde un plano jurídico, sino también como símbolo que, en tanto documento de la memoria, tiene una efectividad a un nivel político y social.

La línea Negra constituye una lucha que tiene asidero en el territorio, la ley y en la relación con el estado, e igualmente responde a un orden espiritual. Esto abre una doble interdependencia: el territorio tiene sentido en tanto su significado espiritual y lo espiritual en tanto la relación con el territorio. De manera análoga, en la eficacia simbólica, lo material del cine tiene solo sentido desde su base inmaterial, allí radica su eficacia simbólica, mientras lo inmaterial tiene asidero en su materialidad, es decir en la técnica. El relato mitológico de Resistencia en la línea Negra (2011), usa el poder de la imagen, delinea fronteras espirituales, señala lugares de lucha, viaja en el tiempo y hace una geografía sensorial de la Sierra Nevada de Santa Marta y su relación con el mundo.  

 

Bibliografía

  • Arendt, Hannah (2003) (1963). “Eichmann en Jerusalén”. Lumen. Barcelona.
  • Cabildo Arhuaco de la Sierra Nevada (2015). “Entendimiento Mutuo para el Cuidado de Nuestro Terriotrio. Niwi U`munkunu chawamu narigun re`no`kwamu.” Guía de relacionamiento y diálogo entre el senctor minero-energetico y el pueblo Arhuaco. Resguardo Indigena Arhuaco de la Sierra Nevada. Conferencacion Indigena Tayrona (CIT). Valledupar.
  • Edwards, Elizabeth (2002). “Material beings: Objecthood and ethnographic photographs,” Visual Studies, 17:1, pp. 67-75
  • Lévi-Strauss, Claude (1974) (1987). “Antropología Estructural.” Paidós Básica. Barcelona.
  • Ministerio del Interior (6 de agosto, de 2018) Decreto 1500. Recuperado 21/9/2018 en: http://es.presidencia.gov.co/normativa/normativa/DECRETO%201500%20DEL%2006%20DE%20AGOSTO%20DE%202018.pdf
  • Morin, Edgar (1961) “El cine o el hombre imaginario. Ensayo de Antropología.” Seix Barral. SA. Barcelona.

Filmografía

  •  Villafaña Amado (2016) Butisinu Memoria de un Pueblo. Producción Colectivo de Comunicaciones Arhuaco Yosokwi (CCY) Pélicula. Colombia.
  • Villafaña Amado (2011) Resistencia en la Línea Negra. Producción Colectivo de Comunicaciones Zhigoneshi (CCZ). Película. Colombia.
  • Villafaña Amado (2010) Nabusímake: memorias de una independencia. Producción Colectivo de Comunicaciones Zhigoneshi (CCZ). Colombia. Película. Colombia.

Biografía del Autor.

Sebastián Gómez Ruíz es antropólogo y realizador audiovisual. Tiene una maestría en Antropología Visual en la Universidad de Barcelona y ahora está estudiando un PhD en Sociedad y Cultura, en la misma Universidad. Sus áreas de investigación son: etnografía visual, medios de comunicación indígena, antropología de las emociones y antropología visual. Dentro del campo audiovisual ha hecho los cortos documentales Wàsi (2017) y Crudo (2014), y en ficción Perdidos en Verano (2016) y Surfing Chapinero (2013) 

Biografie des Autor

Sebastián Gómez Ruíz ist Anthropologe und Regisseur. Er absolvierte seinen Master in visueller Anthropologie an der Universität Barcelona und schreibt dort gerade seine Doktorarbeit im Themenbereich Gesellschaft und Kultur. Zu seinen Forschungsfeldern zählen visuelle Ethnografie, indigene Kommunikationsmedien, Anthropologie der Emotionen und visuelle Anthropologie. Neben kurzen Dokumentationen wie „Wàsi“(2017) und „Crudo“(2014) realisierte er auch die beiden Fiktionsfilme „Perdidos en Verano“(2016) und „Surfing Chapinero“(2013).

 

[1]   Lo resguardos son hectáreas de tierra que son propiedad colectiva de los indígenas, reconocidas por el estado colombiano.

[2] Los pueblos Wiwa, Kogi y Arhuaco hablan lenguas distintas. Sin embargo, yo retomo el concepto de Kunsama de los Arhuacos por dos razones: primero, porque ha sido el pueblo con el he trabajado más directamente y segundo, porque son los Arhuacos quienes han dirigido con mayor protagonismo la defensa de la Línea Negra. 

[3] Ika es la lengua de los Iku (Arhuacos)

[4] Los Mamos son agentes espirituales, mediadores entre el mundo espiritual y el mundo material. Son guías espirituales de su comunidad.

[5] Consagrada en el artículo 86 de la Constitución Política de vigente, busca proteger los Derechos Constitucionales de los individuos.

[6] Visto el 1/Noviembre/2018 https://www.lamochilaarhuaca.com/con%C3%B3cenos/pueblo-arhuaco/confederaci%C3%B3n-ind%C3%ADgena-tayrona-cit/

[7]  Ibídem

[8]  El Instituto Colombiano de Antropología e Historia  (ICANH) es la entidad encargada de administrar el Parque Arqueológico de Ciudad Perdida (Teyuna)

 


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