La historia de este lado (o del otro)

Publicada en Publicada en Edición #2, Maestria

Brasil, este barco solitario navegando en aguas peligrosas… Volvé a tu puerto!
Tus hermanos allá te esperan… Te fuiste desde siempre, oh pá!, con los portugueses. Partieron nuestra América en dos. Nos separaron para siempre.

Así empecé la semana pasada otra de mis tantas cartas de motivación escritas para una universidad. Lo que me motivó a escribir tal carta y que se transforma ahora en este humilde texto, es el hecho de que geográficamente pertenezco a Latinoamérica, pero ideológicamente estoy preso en la isla Brasil.
Ya hubo un tiempo en el cual nosotros, los brasileños, encajábamos perfectamente en nuestro continente. No por mérito propio, pero por la ignorancia del mundo que afirmaba en los más remotos rincones que Buenos Aires era la capital de nuestro país y salsa nuestro baile. Pero era simplemente la dulce e inocente ignorancia de los tiempos pasados. La verdad, nunca nos dejaron estar próximos a los hermanos de Latinoamérica, nunca nos dejamos aproximar, sea por la colonización, sea por la grandeza del país (o del ego de los que lo habitan).
Las invasiones europeas en nuestro continente les duelen hasta a los más sensibles. El dolor es común, a pesar de haber seguido distintos caminos. Con españoles de un lado y portugueses del otro, una de nuestras más importantes familias lingüísticas – que nos mantuvo conectados en América del Sur – el Tupi-Guarani, fue aplastada. Divididos entre dos idiomas e imperios distintos, crecimos separados.
Es importante observar cómo el idioma define la identidad de un pueblo. Todo lo que orbita culturalmente un individuo en su sociedad siempre nos lleva a la lengua hablada por él. Lo que se come, lo que se bebe, lo que se escucha, lo que se baila. Fuimos en Brasil definidos por los portugueses y tallados por indígenas y africanos. El portugués brasileño tiene su propia voz, su melodía. Tenemos el abacaxi, la canoa e Ipanema. Y también el ganzá, el axé y el bumbum. ¡Somos Afro-Tupiniquins que hablan portugués!
De la misma manera que el idioma define, también aísla. Nos alejamos por siglos de todos los otros países que forman nuestro continente. A pesar de que la historia insiste en jugar con nuestras vidas de forma parecida, ignoramos la presencia de nuestros vecinos. Colonización – esclavitud – independencias – dictaduras. Vivimos todo eso juntos, pero separados a la vez, por no saber comunicarnos. Los líderes de Hispanoamérica no nos libertaron de los europeos. Las músicas que tocaban nuestros corazones durante la dictadura no tocaron a otros corazones en la misma América lastimada. Vivimos tiempos cultivando este silencio fronterizo.
Tal vez por no vernos a nosotros mismos como una unidad, el mundo tampoco nos ve juntos. Ser brasileño no es ser latino y viceversa. Abrimos este abismo entre nosotros cuando nos perdimos entre culturas extranjeras y nos cerramos a la vez adentro de nuestra propia cultura. Penetrar el territorio vecino es aún difícil.
En los recientes y constantes procesos de globalización y cambios ideológicos, el mundo se quedó chico. Nuestros distantes vecinos están ahora tan pegados que es imposible ignorarlos. La economía, la política, el turismo y el interés individual por lo que está al otro lado de los Andes o de la Amazonía, aproxima el portugués al español. Lentamente nos vamos fusionando otra vez para volver a ser latinos.
Estudiar Latinoamérica es dedicarse a todas las partes de este conjunto. Llevar sus idiomas consigo, para adentrar en este mundo nuevo y para que la identidad de su gente no sea olvidada.

Vitor Branco

28 años, de Recife, Brasil. Estudió Periodismo en la Universidad Católica de Pernambuco, Brasil y residió dos años en Buenos Aires, Argentina, lugar donde estudió Fotografía y Cine en el Sindicato de Industria Cinematográfica Argentina. Hace dos años que vive en Viena y actualmente cursa el Master Interdisciplinario de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Viena

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2 comentarios en “La historia de este lado (o del otro)

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