Picaflor 1

Piedritas que vuelan

Publicada en Publicada en Colibrí, Edición #2

Con el nombre de colibríes, picaflores, pájaros mosca o zumbadores se agrupan en la familia de los troquílidos (Trochilidae), aves que cautivan la admiración por sus características extraordinarias y resultan de las más prodigiosas e increíbles.

Si bien todos los picaflores son de pequeño tamaño (el más grande del grupo alcanza los 21 centímetros), el ave viviente más pequeña del mundo pertenece a este grupo: el picaflor Helena (Calypte helenae), de apenas 5 centímetros de largo total.
En general se los puede describir como aves de pico fino, largo y cilíndrico, que termina en forma aguda. Existen especies en las que el pico es recto y otras en las que se presenta recurvado hacia abajo o hacia arriba. Estas formas siempre están asociadas al tipo de flores que frecuentan para obtener su alimento. Su lengua, tubular y extensible, permanece encorvada por debajo de la mandíbula y detrás del cráneo cuando no se están alimentando. Esta característica la comparten con los carpinteros (Picidae).
En proporción, la cabeza y el cuerpo son grandes y presentan un gran desarrollo de la musculatura pectoral. Sus alas, están terminadas en punta y son bastante estrechas. La base ósea del ala, presenta el antebrazo (radio y cúbito) más bien corto y da sustento a una musculatura con un particular desarrollo y que se inserta ampliamente en el esternón. Cerca del 30% del peso corporal está dado por la masa de los músculos implicados en el vuelo.
Otra de las singularidades de los picaflores es la articulación del hombro con una rótula que le da ajuste al ángulo de sustentación del ala y que no está presente en ninguno de los otros grupos de aves.
La cola puede presentar en las diferentes especies formas muy variadas, si bien en la gran mayoría se presenta en forma rectangular y medianamente larga, existen especies que la presentan furcada, ahorquilladas o con plumas extremadamente largas. Las patas son pequeñas y cortas. Solo útiles para posarse en ramas o rocas, no pueden desplazarse sobre ellas y deben recurrir al vuelo para trasladarse aunque sean unos pocos centímetros. En muchas ocasiones se puede ver que al iniciar el vuelo arrastran tras de sí la rama en la que estaban posados, señal de que comienzan el vuelo antes de abandonar el sitio donde están perchados.
El plumaje es compacto y algo rígido. En cuanto a su cromatismo, en unas pocas especies los machos y las hembras presentan el plumaje similar, siendo la regla un amplio dimorfismo del plumaje, en el cual las hembras y juveniles presentan colores más apagados y poco atrayentes mientras que los machos ostentan coloraciones brillantes y adornos como copetes, abanicos largas crestas y colas con plumas muy largas que se destacan con colores brillantes de tonalidades metálicas tornasoladas dignas de ser comparadas con la de las piedras preciosas. Este efecto se debe al color estructural que, por la descomposición de la luz, producen iridiscencias según el ángulo de incidencia.
En el vuelo, baten las alas con una velocidad extraordinaria que las vuelven casi invisibles, observándose sólo una nube en la que sustenta el ave y que produce un zumbido audible en forma nítida. Según los estudios realizados sobre el vuelo de diferentes especies los picaflores pueden batir las alas entre 50 y 200 aleteos por segundo. La libertad de movimientos que tiene en la articulación del hombro combinada con una particular musculatura, hacen que estos animales estén facultados para realizar increíbles movimientos acrobáticos. Los picaflores pueden volar velozmente en línea recta, detenerse repentinamente y mantenerse estáticos en un punto del aire y desde allí moverse hacia arriba, abajo o hacia cualquiera de los lados en un ángulo recto o retroceder sobre la misma línea volando en reversa haciendo alarde de su magnífico domino del aire al mismo tiempo que los movimientos producen cambios sobre la coloración del plumaje e impresionan al observador.
Su alimentación se basa en el néctar de las flores, tal situación se ve reflejada en la co-evolución de ciertas especies de picaflores y plantas con flores, en las que el largo y la forma del pico coinciden con la forma de las dimensiones de las corolas y la ubicación de los estambres. Los picaflores cumplen una importante función como polinizadores. Otras especies, las más generalistas se alimentan de una gran variedad de flores y todas completan su dieta con pequeños insectos de cuerpo blando, arañas aprovechando además otras secreciones vegetales ricas en azúcares. Para obtener el alimento, revolotean en un punto fijo mientras introducen el pico en la corola y liban el néctar con la lengua. El néctar, es un alimento de alto poder energético y de inmediata absorción, imprescindible para su rápido metabolismo. Este metabolismo elevado, requerido por su forma de vuelo, hace que los picaflores deban alimentarse casi en forma constante y en grandes cantidades, además guardan grandes cantidades de grasa subcutánea para momentos en los cuales no pueden alimentarse. Durante la noche, entran en un estado de letargo para el descanso, reduciendo sus actividades metabólicas (sobre todo bajan su frecuencia cardíaca), para evitar el consumo innecesario de esas reservas.
Algunas especies como el picaflor rubí (Sephanoides galeritus) que vive en la Cordillera de los Andes, realizan un sueño letárgico o “hibernación” durante los días más fríos y retoman la actividad en los días más cálidos. La hibernación es un fenómeno común en anfibios y reptiles, pero entre las aves es sólo conocida para los colibríes y algunas especies de la familia Caprimulgidae.
La familia Trochilidae se distribuye exclusivamente en América, desde Alaska, hasta Tierra del Fuego. Las diferentes especies se adaptan a una amplia variedad de ambientes; desde valles, quebradas y cumbres de las regiones montañosas, lugares secos o húmedos llegando su máxima diversidad en las regiones selváticas tropicales y subtropicales. Algunos picaflores suelen realizar movimientos poblacionales que llegan a ser verdaderas migraciones y en otros casos son más cortos y se producen en relación al momento climático o la época de floración de las plantas.
Son de hábitos solitarios, aunque donde abundan las flores suelen agruparse. Los machos son irritables y suelen perseguir y enfrentar no solo a otros de su misma especie sino, a otras aves de mayor tamaño. Este comportamiento desafiante parece ser el origen del nombre común de “colibrí” que vendría de colubro o culebra. En su territorio las disputas son constantes intentando la posesión de las hembras ya que son polígamos. En muy pocas especies los machos participan de la construcción del nido y la crianza de los pichones, siendo lo común que la hembra se encargue de estas actividades. Las hembras construyen los nidos apoyados sobre ramas, adheridos a las paredes de las rocas o colgados en algunas estructuras que sobresalen. La gran mayoría prefiere ambientes sombríos y ocultos. Los materiales de construcción son fibras vegetales finas que unen con telas de araña y recubren en el exterior con líquenes, musgos o pequeños trozos de cortezas que mimetizan el nido con el ambiente. La forma exterior del nido puede variar en las diferentes especies entre cónicas y globosas, pero el interior generalmente es en forma de copa profunda. Allí la hembra deposita dos huevos de color blanco. La incubación dura entre 14 y 19 días dependiendo de la especie, lo que llama la atención dado el pequeño tamaño de los huevos. Los pichones nacen desnudos y a los pocos días se recubren de un plumón denso. Permanecen en el nido hasta adquirir la capacidad del vuelo.

Picaflor 1
L.R Tato Antoniazi. Heliomaster fursifer (picaflor de barbijo, hembra). El Mangrullo, Lavalle, Santiago del Estero. Argentina. 20-oct-2007. El picaflor de barbijo llega a estas tierras durante los meses estivales para reproducirse, durante la época más fría, se desplaza hacia el norte.

 

Leandro R. Tato Antiniazzi

Argentina 1974, Agrónomo egresado de la escuela de Agricultura Ganadería y Granja de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Se dedica al estudioy conservación de las aves y sus ambientes.Actualmente está encargado de la administración de la Reserva Natural de Usos Múltiples Federico Wildermuth y trabaja en el Laboratorio de Ecología de Enfermedades del Instituto de Ciencias Veterinarias de UNL-CONICET. Santa Fe, Argentina.

Bibliografía

Ares R.A (2007) Aves, vida y conducta.Vázquez Mazzini Editores, Buenos Aires. Argentina. 288 pp.
de la Peña M. (1987) Características ecológicas y algunos ambientes que frecuentan las aves argentinas. Ediciones UNL, Esperanza. Argentina.181 pp.
Kovacs CJ; Kovacs O; Kovacs CM (2005) Manual ilustrado de las aves de la Patagonia Antártida Argentina e Islas del Atlántico Sur. Artes Gráficas Ronor, El Bolson. Argentina. 368 pp.
Schuchmann K.L. (1999) Family Trochilidae (hummingbirds). Pp. 468–680 en: del Hoyo J, Elliot A & Sargatal J (eds) Handbook of the birds of the world. Volume 5. Barn-owls to hummingbirds. Lynx Edicions, Barcelona. España.

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3 comentarios en “Piedritas que vuelan

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